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Debilidades: ¿Qué decir y qué no?

Todos y todas nos hemos encontrado en varias ocasiones enfrentados/as al desafío de buscar un trabajo, y es en ese momento cuando nos percatamos de temas que pueden generar dudas o complicaciones.

Dentro de estos ítems es común que nos cuestionemos sobre qué decir cuando nos enfrentamos a la clásica pregunta: ¿Cuáles son tus debilidades? interrogante común en la mayoría de las entrevistas, ya sean éstas en la etapa de evaluación psicolaboral o técnica.

Muchas personas manifiestan que les genera incertidumbre el responder esa consulta, sobre todo considerando que la idea que puedan expresar podría ser perjudicial y no les permita avanzar en las siguientes etapas de un proceso. Esta inseguridad, claramente puede generar dificultades para poder organizar la información, llegando incluso a evitarla con el fin de no mostrar aspectos de la personalidad o habilidades que requieren ser manejadas de una manera diferente.

De hecho, es un error común que las personas manifiesten como brechas, temáticas que lejos de ser negativas, pueden incluso favorecer su desempeño. Definir como debilidad que uno es una persona exigente consigo misma, autocrítica, orientado a la tarea (o como se indica en lenguaje coloquial: “trabajólico”) suelen ser malas decisiones y finalmente generan un mal desempeño de un/a candidato o candidata dentro de la entrevista porque pueden dar la impresión en la persona que evalúa, de que no somos lo suficientemente sinceros para mostrarnos adecuadamente o también puede responder a una baja autocrítica y eso afectaría varios aspectos de nuestro desempeño laboral.

Además, resulta interesante de considerar que estos conceptos se enmarcan en el ámbito de las “falsas debilidades” y la expresión de ellas puede ser interpretada como una forma de querer destacar, aún cuando la premisa es definir cuáles son los aspectos en que no destaco y requiero poner acento para trabajar en ello.

Por otro lado, el no indicar una debilidad contextualizada como una brecha, desliza la idea de que la persona cuenta con dificultades para aceptar errores o que su nivel de autocrítica puede no estar respondiendo de manera efectiva ante la necesidad de definir elementos en los cuales puede crecer, capacitarse o establecer planes de acción. En definitiva, se interpreta como que: existe una baja orientación a gestionar el autoconocimiento y por ende una menor flexibilidad para cambiar o adaptarse a contextos en donde la naturaleza de los procesos denoten la necesidad clara de estar atentas o atentos a las variaciones del entorno y las dinámicas de trabajo.

¿Qué podemos hacer para lograr un desempeño eficiente en este ítem de la entrevista laboral?

En primer lugar, es importante analizar que es necesario hacer un ejercicio que nos lleve a algo parecido a completar un triángulo el cual nos ayuda a identificar – y con ello posteriormente definir – nuestras debilidades.

Es por esto que antes de dar a conocer en nuestro relato las brechas con las cuales contamos, es ideal que podamos identificar tres preguntas concretas que nos llevaran a un orden más claro y comprensible en torno a la información que nos solicitan:

  • ¿Qué es lo que me pasa?: Ya sea esto una emoción o conducta. En este sentido, debemos definir como por ejemplo: me retraigo, me enojo, me pongo ansioso/a, me siento inseguro/a, me desmotivo, etc.
  • ¿En cuáles momentos me ocurre?: Esto es crucial porque responde directamente a nuestra alerta para identificar cuáles son las condiciones del ambiente y/o internas que posiblemente me pueden afectar y con ello posiblemente puedo estar más atento/a en caso de requerir mayor trabajo sobre mi mismo/a para sostener una situación. Aquí podemos encontrar situaciones como: ante el trabajo bajo presión, frente a la incertidumbre, ante la sensación de que otros no están realizando mi mismo esfuerzo, etc.
  • Cuáles son las estrategias que utilizo hasta ahora: Resulta importante, además de identificar la debilidad, cuestionarme cuáles son, hasta ahora, las estrategias con las que he trabajado para hacerme cargo y con ello poder manejar o sobrellevar la problemática en forma más constructiva.  Entonces, si considero que no cuento con herramientas, es el momento de definir cuáles podrían ser las acciones que debo emprender, ya sea buscando apoyo externo (sobre todo cuando las principales brechas se sitúan en el ámbito emocional) o quizás estableciendo cambios en aspectos prácticos de mi quehacer cotidiano.

De este modo, podemos concluir que un aspecto crucial para hablar de mis debilidades tiene que ver con el ejercicio de autoconocimiento que me permite identificarlas. Luego de ello, debo evaluar cómo gestiono los temas que podrían afectarme, sobre todo en el ámbito laboral, con el fin de buscar las estrategias que me permitirían incorporar mejoras y con ello aspirar a mantener un adecuado ritmo de trabajo y efectividad en torno a las tareas de mi rol. Conjugando estos temas, podemos mostrarnos de manera sincera ante un nuevo cargo -porque claramente nadie es perfecto en ningún ámbito- es decir, es esperable que contemos con falencias, pero lo importante y destacable tiene que ver más bien con la forma en que nos hacemos cargo de ello y  a partir de ese punto podemos optar por nuevos aprendizajes y crecimiento que favorece mi sensación de bienestar  y crecimiento profesional.

Mucho éxito en la búsqueda.

Valentina Nanjarí

Orientadora Laboral